Publicación realizada para RosarioNuestro

Las mujeres, el deseo y la doble moral

Ps. Silvana Savoini - Sexóloga      13 Septiembre, 2017
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Por Silvana Savoinisexóloga.

Si bien actualmente las cosas están cambiando, debemos admitir que en nuestra sociedad las mujeres hemos sido históricamente educadas para no desear. Durante mucho tiempo operó una doble moral sostenida en una serie de creencias irracionales socialmente compartidas:

  • Que los varones tienen “necesidades” sexuales, no así las mujeres por supuesto.
  • Que existen dos clases de mujeres: las “buenas mujeres”, “chicas para tomar en serio”, “decentes”, aptas para ser esposas y madres, y las “otras”, “fáciles”, “para la joda”, “putas”, “rápidas”, “trolas”, “busconas”, (la lista de sinónimos es interminable) capaces de disfrutar su sexualidad, pero de dudosa moral.
  • Que por lo tanto los varones, que tienen necesidades, pero que se casan con las sagradas mujeres madres de sus hijos, están habilitados para mantener a su vez relaciones sexuales con las otras mujeres, justificados en su “necesidad”.
  • Que las mujeres “decentes” no experimentan ni manifiestan deseo sexual.
  • Que las mujeres “fáciles” que expresan y viven su sexualidad libremente, no son aptas para ser “tomadas en serio” vale decir, para un proyecto de pareja.
  • Que existen ciertas, limitadas y conservadoras prácticas (e incluso posiciones) sexuales adecuadas para las mujeres/madres, generalmente asociadas al acto sexual orientado a la reproducción (coito), y que por lo tanto el resto de las prácticas sexuales, quedan reservadas para las relaciones clandestinas.

La lista podría continuar, e indiscutiblemente muchos reconocemos haber escuchado/expresado/pensado esas afirmaciones, aun cuando racionalmente afirmemos que son inapropiadas, absurdas, obsoletas, o al menos políticamente incorrectas. Lo más triste es que el sistema de creencias subyacente a estas expresiones es compartido por personas de todos los géneros, muchas veces las propias mujeres son las que perpetúan estas ideas, que se transmiten de generación en generación.

Pensar la doble moral en clave intergeneracional

Si lo pensamos en clave intergeneracional, es probable que percibamos el debilitamiento progresivo de la doble moral que otrora sostuvo tanto la existencia de burdeles como la legitimación de las amantes en el contexto del matrimonio.

Esta doble moral se instala fuertemente a partir de la Generación S o Silenciosa (nacidos entre 1925-1945) quienes hoy tienen entre 72 y 92 años de edad, esta generación vivió un tiempo dramático en la historia de la humanidad: la Gran Depresión en Norteamérica que afectó a las economías mundiales, el auge del Nazismo y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Estos hechos enmarcaron el crecimiento y consolidación de un modelo de vida donde se valoraba el sacrificio para alcanzar las metas, mientras reinaba la austeridad y el silencio.

Se caracterizaron por desarrollar instituciones vigorosas (familia, escuela, iglesia, etc.), por una fuerte desvalorización de la mujer y sobrevaloración del varón, quedando vedada la sexualidad de la mujer, reducida al rol de procreación, lo cual sumado a los prejuicios, tabúes, dogmas y valores morales rígidos, habilitaron la instalación social de la doble moral.

A ellos les siguieron los Baby Boomers (1945-1964) que hoy tienen entre 53 y 72 años de edad, nacieron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y la denominación hace referencia al incremento explosivo en la tasa de natalidad de la época. Caracterizados por un espíritu más libre, el trabajo era lo más importante, despreciaban el ocio, y la mujer se incorporaba decididamente al mercado laboral, cambiando el modelo tradicional de familia.

Así llegamos a la Generación X (1965-1985) quienes hoy tenemos entre 32 y 52 años de edad, somos hijos de los Baby Boomers y padres de los Millennials y de los Nativos Digitales. Nos llamaron la Generación MTV (por el canal de videos musicales), quedaremos en la historia como los impulsores de la tecnología. Sufrimos grandes cambios, somos la generación de la transición. Vivimos una infancia analógica y una madurez digital.

También atravesamos la transición en las pautas de comportamiento sexual. Pese a haber atravesado importantes hitos en la historia de la sexualidad (la revolución que provocó la pastilla anticonceptiva, la aparición del VIH), quedamos atrapados entre el discurso heredado de la doble moral que subyace silencioso asomando a veces en algún prejuicio y las banderas enaltecidas que gestionamos para defender los derechos, libertades y diversidades sexuales.

Los Millennials (1982-1994) que hoy tienen entre 23 y 35 años, y la Generación Z o Nativos Digitales (1995-2000 a la actualidad), hoy menores de 22 años de edad, no sólo han nacido inmersos en la globalización de la información a través de Internet, sino que crecieron en ejercicio de los Derechos Sexuales y con poco o casi nada de impacto de aquella doble moral en la manifestación de sus deseos sexuales.

¿Cómo impacta el legado de la doble moral en el deseo sexual femenino?

El legado de la doble moral ha tenido un gran impacto en la vida sexual de las mujeres, ya que muchas aun hoy evitan manifestar deseo sexual por temor a ser incluidas en esa categoría supuestamente “despreciable”. Muchas mujeres han sido tan obedientes con el mandato social machista de cuadrar con el perfil de “buena mujer” en el afán de construir un proyecto de familia, que han sofocado todo atisbo de deseo sexual, con tanta eficacia que luego no logran experimentarlo en absoluto, sumando a la propia frustración, los reclamos de la pareja.

En la consulta sexológica, las inhibiciones morales tienen un protagonismo significativo a la hora de hablar de deseo y placer sexual. Atreverse a explorar y disfrutar de la propia sexualidad, sola o en pareja, requiere de abandonar los prejuicios y el miedo a ser calificadas como “putas”, y en todo caso, que esto no constituya una descalificación, sino incluso un halago, un elogio al libre ejercicio del erotismo, con el mismo orgullo que nos provoca la equidad de género en cualquier otra actividad humana.

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